
David se encontraba en el momento más oscuro de su vida. Después de recibir la plena bendición del Señor y el gozo de Su presencia, descuidó el reino de Dios y se conformó en el reino de la comodidad; bajó la guardia, cometió adulterio, asesinato premeditado y aún más, encubrió su pecado. Sin embargo el Dios de justicia, santidad y misericordia ofreció el tiempo suficiente para que su siervo viniera al arrepentimiento, y lo confrontó a través del profeta Natán. ¿Su pecado trajo consecuencias? Por supuesto, a corto y a largo plazo. A corto plazo, su hijo recién nacido moriría, y a largo plazo, su pecado oculto traería sobre sus hijos dolores manifiestos como asesinatos, adulterios, rebeliones, persecuciones, guerras y divisiones.
David finalmente guiado por Dios reconoció su pecado, reconoció su total dependencia de Él. Y en el momento más difícil de su vida simplemente entendió que Dios no busca canciones, alabanzas, danzas, sacrificios, servicios, ministerios y esfuerzos. Dios busca un corazón, un corazón que realmente le alabe y le adore con toda su mente y sus fuerzas, aunque no le quede ninguna de ellas; que le sirva no por ser visto, sino por amor a aquel que lo llamó al ministerio; que trabaje y se esfuerce más que por la obra, por el dueño y Señor de ella, por Aquel que dio su vida por ella.
La verdadera alabanza surge de un corazón que ha sido transformado a través de las pruebas, del trato del Señor y ha sido renovado en Su misericordia y restaurado con su mano sanadora. Muchas veces le pedimos a Dios que nos muestre un poco más de Su gloria y de Su poder, pero no queremos pagar el precio de ser amasados como el barro, y soportar el trato del Alfarero para remover todas las impurezas de nuestra vida.
El resultado más importante de todo este proceso fue que David nunca volvió a ser el mismo. Dios lo transformó en un varón conforme a Su corazón. Dios quiere transformarnos en varones y mujeres conforme a Su corazón. Pero Dios necesita trabajar sobre nuestras vidas para que no volvamos a ser los mismos.
Tomado de: http://www.redmusicalcristiana.com/
Escrito por Jairo Alonso Fonseca Lamprea
David finalmente guiado por Dios reconoció su pecado, reconoció su total dependencia de Él. Y en el momento más difícil de su vida simplemente entendió que Dios no busca canciones, alabanzas, danzas, sacrificios, servicios, ministerios y esfuerzos. Dios busca un corazón, un corazón que realmente le alabe y le adore con toda su mente y sus fuerzas, aunque no le quede ninguna de ellas; que le sirva no por ser visto, sino por amor a aquel que lo llamó al ministerio; que trabaje y se esfuerce más que por la obra, por el dueño y Señor de ella, por Aquel que dio su vida por ella.
La verdadera alabanza surge de un corazón que ha sido transformado a través de las pruebas, del trato del Señor y ha sido renovado en Su misericordia y restaurado con su mano sanadora. Muchas veces le pedimos a Dios que nos muestre un poco más de Su gloria y de Su poder, pero no queremos pagar el precio de ser amasados como el barro, y soportar el trato del Alfarero para remover todas las impurezas de nuestra vida.
El resultado más importante de todo este proceso fue que David nunca volvió a ser el mismo. Dios lo transformó en un varón conforme a Su corazón. Dios quiere transformarnos en varones y mujeres conforme a Su corazón. Pero Dios necesita trabajar sobre nuestras vidas para que no volvamos a ser los mismos.
Tomado de: http://www.redmusicalcristiana.com/
Escrito por Jairo Alonso Fonseca Lamprea



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